Felicidad ¿Qué es la felicidad? En todos mis años de vida no he vivido ni un momento feliz, desde mi niñez mi mundo se torno oscuro, las personas que me rodeaban eran como demonios que absorbían cualquier posibilidad de felicidad, cada día en mi vida era como una tormenta de arena en el desierto, terrible y muy difícil de escapar, de mis ojos se desbordaban las lagrimas como en un diluvio mucho peor que el que vivió Noé en su arca él lo vivió por cuarenta días y cuarenta noches yo lo viví día y noche durante años, mis probabilidades de sonreír eran tan nulas como la posibilidad de que un pez pueda sobrevivir fuera del agua, todo era tan sombrío desde el día de mi nacimiento, primero porque mi nacimiento no estaba en los planes de mis padres y segundo mi padre no quería que yo naciera, pero mi madre no tomo el aborto como opción, mi familia era millonaria lo que yo llamo disfraz de felicidad, puras apariencias, y lo que paso adentro, su verdadera realidad es la miseria, mi padre el señor Víctor un hombre de treinta años, moreno, de cabello negro oscuro, ojos marrones claros, de un metro ochenta de estatura era un abogado corrupto y con ansias de poder, mi madre la señora Isabel era una dulce mujer de veinticinco años, morena de cabello castaño ajos marrones muy claros piel suave como la de un algodón de un metro sesenta y cinco de estatura era la señora de la casa, solo tenía que hacer los deberes de la casa mas nada, cuando cumplí dos años de edad mi familia lo perdió todo, y me refiero a todo absolutamente, amigos dinero, propiedades, influencias etc. Tuvimos que mudarnos a una casa pequeña en un pueblo pequeño en Barquisimeto-Venezuela, mi padre cayó en el alcoholismo y mi madre, bueno mi madre, era mi madre, se mantuvo con mi padre solo por no apartarse de mí, pero como siempre mi padre lo arruinaba todo, llegaba todas las noches borracho, y abusaba de mi mama la golpeaba hasta que perdiera la conciencia, y así pasaba cada noche durante cinco años la violaba y golpeaba una y otra y otra vez, yo escuchaba atemorizado desde mi habitación, llore cada día y cada noche cada segundo que escuchaba aquellas espeluznantes escenas que parecían sacadas de una película de terror, pero para mi desgracia era la vida real o por lo menos mi vida real y la de mi pobre madre, yo hubiera dado lo que sea para que ella no hubiera pasado por eso, en ocasiones deseo no haber nacido para no sentir este sufrimiento que revienta mi pecho en mil pedazos, el dolor era muy parecido a sentir cien cuchillos penetrar en la suave piel del abdomen mientras cada cuchillo destroza cada uno de los órganos, pero no se comparaba con lo que mi madre tenía que sufrir, una noche mi padre llego muy ebrio abrió la puerta haciendo mucho escándalo y gritando el nombre de mi madre --Isabel, Isabel baja inmediatamente-- yo y mi madre ya estábamos despiertos el miedo no nos dejaba dormir, yo ya sabía que iba a pasar cuando ella bajara, antes de que ella cruzara loa puerta ya yo estaba llorando suplicándole que no bajara --Mami por favor no vallas-- lloraba y lloraba la veía a sus hermosos ojos marrones que me decían que tenía que bajar para que no me pasara nada malo me sentía culpable corrí y la abrase fuertemente como si el mundo se fuera acabar para mí eso iba a pasar, ella me abrazo muy fuerte y me dijo al oído te amo con voz temblorosa y sus lagrimas caían en mis hombros como cuando caen las gotas de las hojas de los arboles cuando para de llover, su voz era tan frágil como una delicada cerda de hilo, le repetía una y otra vez --No vallas, no vallas, no vallas, no vallas-- pero no sirvió de nada ella bajo secándose las lagrimas del rostro, con sus suaves y delicadas manos, mientras mi padre seguía gritando -- Isabel baja en este instante, por mil demonios Isabel-- grito fuertemente, cuando mi mama llego abajo, le grito --Sírveme un trago-- mi mama lo obedeció y tomo una botella que estaba en un estante en el pasillo para ir a la cocina, a un lado estaba una mesa con unos vasos tomo uno y le sirvió el trago y se lo llevo, el observo el vaso y le grito, -- ¿Que te sucede? ¿No ves que este vaso está sucio? -- acto seguido le lanzo el vaso y la arrincono y la golpeo una y otra vez, mi madre gritaba, -- Por favor no me golpees-- pero era absurdo hablarle el no hizo caso omiso a ninguna de las suplicas y la siguió golpeando en el rostro las costillas, las piernas, el pecho hasta que la dejo agonizante en el piso luego desgarro su ropa dejando al desnudo cada centímetro de piel, cada área de su delicado y delgado cuerpo, acto seguido la violo luego le grito --¿Porque lloras? si sabes que te encanto- luego busco un palo de un metro de largo que se encontraba en la cocina y la golpeo en la cabeza dejándola inconsciente, era terrible ver aquella escena desde las escaleras de la casa, luego mi padre se fue a dormir, busque una sabana y cubrí a mi madre y hay me quede llorando toda la noche junto a su cuerpo, creía que me volvería loco, pero la que se volvería loca seria mi madre, se canso de tanto maltrato y una noche espero a mi padre detrás de la puerta con un cuchillo para intentar matarlo, yo observe desde las escaleras, cuando el llego mi madre se le acerco por la espalda he intento clavar el cuchillo en su espalda pero por desgracia fallo, mi padre la sujeto por las manos y le quito el cuchillo, luego la golpeo y la golpeo y la golpeo y así continuo hasta que ella perdió la conciencia, me enfurecí e intente ayudarla pero mi esfuerzo fue en vano, el también me golpeo, cuando desperté en la mañana oía susurros en la cocina, a los lejos se escuchaba que alguien estaña llorando supuse que era mi madre, la palabra que decía no se distinguía bien a los lejos, pero se fue aclarando en mi pequeño oído mientras me acercaba, mi suposición era correcta era mi madre llorando, y repetía una y otra vez, con voz temblorosa, --Perdóname-- ¿Quién la tenía que perdonar? O mejor dicho ¿A quién le pedía perdón? Me acerque lentamente a donde ella se encontraba y la vi de rodillas sobre un montón de vidrios rotos estaba perdiendo mucha sangre, su rostro estaba cubierto de lagrimas, su cara solo reflejaba sufrimiento, en sus pequeñas y frágiles manos empuñaba un cuchillo, me miro fijamente a los ojos trasmitiéndome toda su tristeza y con voz muy suave, y temblorosa me dijo; --Perdóname-- luego paso el cuchillo por su garganta y cayó al suelo esa escena tan per turbante y aterradora nunca la borre me mi mente, corrí hacia ella y llore junto a su cuerpo durante horas mientras ella moría desangrada…
Cuando mi padre llego a la casa estaba ebrio como siempre llamo a mi madre a gritos como acostumbraba hacerlo --Isabel, Isabel-- pero esa vez mi mama no llegaría hasta donde estaba el, guardo silencio por unos minutos y escucho un llanto en la cocina se acerco lentamente dando pasos torpes lo típico de un borracho, cuando se asomo vio tanta sangre como en un rio, y a mí que estaba junto al cuerpo de mi madre, se siguió acercando poco a poco, y me pregunto --¿Qué sucedió aquí?-- --Mama murió-- le respondí entre llantos y lagrimas, --¿La mataste?-- Pregunto en un tono acusador, no respondí a la pregunta y continúe llorando, era absurdo que me acusara de matar a mi madre siendo yo el único que la quería, debió pensar más bien que se suicido por su culpa por los golpes y el maltrato que le ocasionaba, pero en vez de eso me culpo a mí, era como algo hipócrita de su parte pero no le preste atención, luego siguió gritando --Mataste a Isabel la mataste-- de inclino sobre el cuerpo de mi madre y lloro de forma hipócrita, y continuaba gritando --Isabel no ¿Por qué tú?-- Los gritos eran tan fuertes que se escuchaba en la avenida, por primera vez los vecinos se preocuparon en ir a ver lo que pasaba, pero cuando ella era maltratada por el monstruo de mi padre no asomaban sus narices ese día creo que fue en donde observe los más grandes actos de hipocresía, los vecinos tocaban la puerta de forma brusca como si realmente estuviesen preocupados, mi padre me pidió que fuera abrir la puerta mientras el sequia llorando sobre el cuerpo ensangrentado de mi madre, me costó levantarme pues llevaba muchas horas en el suelo acostado, la piernas me temblaban y daba traspiés en mi camino por el enorme charco de sangre y vidrios rotos, casi todo mi cuerpo estaba cubierto, se sangre todo era tan deprimente el cuerpo de mi madre yacía en el piso tendido como si fuese un animal que a muerto en el bosque, continúe caminando hacia la puerta hasta que finalmente llegue y la abrí los vecinos se sorprendieron al ver mi cuerpo cubierto de sangre, una señora mayor como de cuarenta años, con canas y rollos en el cabello, de apariencia terrorífica se asemejaba a un esqueleto, me sujeto por los brazos fuertemente mientras me sacudía y gritaba --¿Qué paso aquí?-- Lo repitió unas dos o tres veces más pero yo estaba prácticamente mudo, lo poco que intentaba decir lo balbuceaba, la señora miro al suelo y vio la sangre, me soltó y siguió el rastro hasta la cocina donde se encontraba el cuerpo, de pronto un grito espeluznante causo conmoción e intriga entre los otros vecinos que esperaban en la puerta todos corrieron hacia la cocina sus gritos silenciaban mi llanto, como la lluvia silencia el canto de las aves, llore tanto que mis lagrimas pudieron haber hecho que un rio se desbordara, aunque así me sentía como un rio desbordando que no tiene calma en su interior es turbulento, esperando que llegue la calma que no se sabe cuál va ser el momento de su llegada, me sentía tan frágil y vulnerable como la hoja de un árbol en una tormenta y sin hablar de mis pensamientos, estaban tan alborotados y confusos como una piedra siendo arrastrada por la corriente de un rio, así era mi vida difícil de explicar en pocas palabras pero ahí no acabaría mi pesadilla, al contrario era el principio de una tormenta en el mar del sufrimiento.
La muerte es sinónimo de paz o tormento
Todo depende de nuestro comportamiento…
(Ricardo Daliz Guerra)
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